Fiestas

Con el calor del verano a nadie le apetece quedarse en casa o en la oficina, el cuerpo pide a gritos: ¡Salgamos a la calle! Quien vive en Barcelona, y especialmente los vecinos de Gracia, saben que cuando se acerca el 15 de Agosto algo grande se aproxima. Cada año por esas fechas las calles se engalanan, todo el barrio se disfraza para celebrar su semana grande y oleadas de visitantes recorren cada rincón sorprendidos, divertidos y llenos de una ilusión que sienten como un regalo.

Lo que en 1817 comenzó como un encuentro organizado en Can Trilla en honor de la Virgen de Agosto, con misas, cantos y comida al aire libre, poco a poco se ha ido transformando en la celebración vecinal más reconocible de la ciudad condal. No sería hasta 1890 que comenzó la costumbre de adornar las calles de forma cada vez más elaborada. Siempre fue una fiesta reivindicativa, ligada al pueblo y ha sufrido épocas de grandes repuntes, como en la década de los años 30, o de fuerte represión durante el franquismo y casi el abandono durante los 70.

La tradición que dura más de dos siglos no se ha perdido y es entrañable ver desde hace meses que personas de todas las edades se juntan para crear algo hermoso. Dedican sus esfuerzos, su tiempo libre y su alegría a transformar nuestro entorno de forma conjunta. Todo por el sentimiento de pertenencia, de ser parte de algo más grande que lo individual. La alegría de entregarse a un sentimiento compartido, un sentimiento de unión, y eso significa exactamente la palabra yoga: UNIÓN.

Festes de Gràcia. Història

En las fiestas de Gracia es difícil no sentirse incluido, no querer formar parte. Cada cual aporta según sus posibilidades y ofrece para que algo más grande surja entre todos. No es una competición a ver qué calle está mejor decorada, es que cada vecino se junta con las personas que le rodean para crear y es el conjunto del esfuerzo de cada bloque el que termina por desarrollar un todo con un espíritu especial. Ese afán de construir y contribuir es con el que los profesores compartimos lo que conocemos, lo ponemos a disposición de los demás como parte de esta celebración. Celebramos la colectividad y la unión.

Los rincones del barrio se organizan para proyectar las actividades que pueden acorde a quienes viven allí y este es el tercer año consecutivo que Sincronía se incorpora a las festividades para invitar a quien quiera sumarse a la práctica que nos hace sentirnos conectados con los demás y con el mundo. Cada día a las 9,15 cerraremos nuestro espacio para abrirnos a la programación del carrer Maspons. El asfalto bajo la esterilla, el cielo por encima de los edificios, cada cual conectando consigo en el centro, invitando unirse a todos los que pasan con nuestro movimiento conjunto. El viernes 16 Maider Fariñas brindará una clase de Vinyasa Flow, el lunes 19 Jonatan nos guiará con su estilo de Vinyasa y clases temáticas, el martes 20 Bianca con Hatha y cerraremos el miércoles 21 de nuevo con Jonatan.

La experiencia se transforma cuando se sale del aula. De un ambiente cerrado, concentrado y a veces un poco oscuro, se puede pasar a una explosión de sensaciones. El yoga tiene beneficios físicos y mentales, y al practicar en un espacio abierto se activan todos tus sentidos, tu oído, vista o tacto notarán sensaciones diferentes porque dentro de una sala no recibes tantos estímulos. Eso supone un reto para nuestra capacidad de concentración, pues al estar en un lugar donde hay más posibles distracciones, tu mente deberá realizar un esfuerzo equivalente para estar totalmente focalizada en las posturas y en la respiración, lo cual hará que tu capacidad de concentración se incremente.

Al mismo tiempo rompes con la rutina, estás saliendo de tu zona de confort, te expones al mundo, a tu vergüenzas o fobias y eso te lleva a un mayor crecimiento personal y un aumento de tu capacidad para aceptar los cambios. Poder saborear plenamente el momento, elegir dónde pones tu atención y deleitarte de estar consciente mientras sientes la brisa roza tu piel y escuchar, con suerte, los pájaros mientras haces tus saludos al sol.

Cuando imparto una clase siento que esa emoción que transciende lo personal es lo que hace de la práctica de yoga una experiencia diferente. Cuando se está en el mat se caen todas las mascaras y personajes con los que nos relacionamos, la respiración consciente nos ayuda a verlos y desidentificarnos de esa farsas. Funciona un poco al contrario que con las celebraciones. No se añade nada, ni se decora para mostrar algo más agradable que lo cotidiano. Si no que se quitan los velos y disfraces que impiden que habitemos un lugar más puro que está dentro de cada uno. Y ese espacio, cuando se experimenta, también es compartido, es común a todos y entonces cobra todo el sentido esa traducción de la palabra YOGA.

Fotógrafo: David Momblan 

Con ese mismo impulso de compartir y juntarse, de salir al barrio, de llegar a todos, incluso a aquellos que no pueden permitírselo o no saben lo que les puede aportar, surgió otra propuesta: Yoga a la fresca. Salir del espacio cerrado del aula y poder llevar la práctica a un lugar más natural, con la sensación revitalizante de respirar aire más fresco. Huir del calor estival disfrutando del yoga en un parque, viajar por tu cuerpo a través de los chakras y dejarse sorprender (¡Porque no sabes cual de ellos será el que aparecerá!) por diferentes profesores: Bianca, Savitri y Jonatan. Vivir diferentes perspectivas que tienen un mismo fondo, encontrar una verdad más profunda y universal.

Llegó el verano, llegan las fiestas de Gracia, y con el calor apetece salir, ir a la playa, verse en una terraza, juntarse, compartir. Ya sea en el mat o en las plazas, sea por la escusa de una clase o una festividad, encontrémonos,

¡Salgamos a la calle!

Escrito por: Jonatan 

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