Samkhya y Yoga. Una lectura contemporánea

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Entrevista a Raquel Ferrández Formoso

“Entender la importancia de los samskaras es esencial para entender el estado actual de nuestra mente, y para entender el sentido de la práctica meditativa”

Hoy os traemos una entrevista realizada por Jonatan González a Raquel Ferrández Formoso, escritora del libro Sāṃkhya y el Yoga. Esta obra invita a pensar las filosofías clásicas del Sāṃkhya y el Yoga, adaptándolas a una perspectiva contemporánea en la que se conjugan la investigación filosófica y la contemplación práctica. Raquel es profesora de Yoga Integral y formadora de profesores/as de yoga. Graduada en Filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Filosofía teórica y práctica en la UNED, también es experta universitaria en cultura de la India y de Irán (Universidad de Salamanca).

¿De dónde le viene el interés por la filosofía oriental y más concretamente las filosofías contemplativas hinduistas?

Mi interés por la filosofía comienza con un interés por los ejercicios espirituales que son la base de la filosofía antigua, ya sea griega, latina o india. Cuando empecé a estudiar en la universidad, me di cuenta de que la filosofía griega y latina había pasado por un proceso de hiper-racionalización tan grande, que su carácter práctico y existencial se había convertido en una mera anécdota histórica. El modo de vida que está en la raíz de la filosofía platónica, estoica, epicúrea o neoplatónica, había sido reducido a un conjunto de especulaciones, ideas y análisis filológicos divorciados de su sentido existencial, de la encarnación de esas ideas. La filosofía india, por otro lado, estaba completamente ausente del programa de estudios. Pero las prácticas de la filosofía india, incluso transformadas y reinterpretadas con el paso del tiempo, estaban vivas en las escuelas y centros de yoga. Empecé a formarme como profesora de Yoga, iniciando un viaje personal muy intenso de autoconocimiento, y fue así como me volqué inmediatamente con el estudio de la filosofía del Yoga, del Samkhya, del Buddhismo, entre otras, con los medios que estaban a mi alcance. Y siempre poniendo por delante su carácter práctico y contemplativo.

Parece que Europa vive ajena a la espiritualidad y la filosofía, ¿explica eso el auge de la práctica de yoga en occidente?

Bueno, a menudo se habla del desencantamiento de Occidente, y de la pérdida de sus raíces místicas. En este sentido, los trabajos de Peter Kingsley han tratado de recuperar esas raíces. Creo que las prácticas o antropotécnicas (métodos para resguardarnos de la angustia, la incertidumbre, el sufrimiento) procedentes de India, y el éxito de algunas de ellas (como el Yoga), han servido de impulso, posiblemente, para animarnos a recuperar otras prácticas de autoconocimiento perdidas hace mucho tiempo. El auge del estoicismo en nuestros días es una prueba de ello. Se lo reivindica como un modo práctico de existencia desde sectores tan diversos como el fitness y los deportes, como desde ciertos sectores de la academia universitaria que están reivindicando una academia “practicante” y no solo erudita. Creo que los caminos del autoconocimiento son solidarios entre sí, y ahora tenemos disponibles muchos de ellos que vienen de culturas y filosofías diferentes.

«Creo que los caminos del autoconocimiento son solidarios entre sí, y ahora tenemos disponibles muchos de ellos que vienen de culturas y filosofías diferentes»

La práctica moderna del yoga, ¿se acerca o se aleja de las enseñanzas del Samkhya y de los Yogasutras?

En un primer momento diría que la práctica moderna se aleja de estas enseñanzas. El propósito del Yoga contemporáneo no es el mismo que el que se nos plantea en las versiones clásicas del Samkhya y del Yoga. Se trata de tradiciones con un marcado carácter ascético (influidas por la metafísica de la renuncia propia de los ascetas sramanas), que tienen como finalidad la liberación del samsara, y en último término, el no retorno a la existencia. Los aforismos del Yoga no es un manual dirigido a quien hace yoga dos veces por semana, sino a un aspirante a kaivalya (el aislamiento liberador, que es el aislamiento entre la mente y la conciencia). Es inevitable que al cambiar el propósito de la práctica, la práctica misma se transforme. Ahora bien, hay muchas enseñanzas en este manual clásico que siguen siendo necesarias y dan sentido a la práctica. Al fin y al cabo, encontramos en este texto descripciones brillantes y universales de los procesos cognitivos que atraviesa el practicante entregado a la meditación. Cuando uno está inmerso en la práctica y se propone una lectura seria de los Yogasutra, entendiendo por “lectura” asimilación y trabajo con el texto, se ve reflejado en un manual de hace quince siglos. Esto suele pasar en los trabajos de autoconocimiento. Por último, hay otro tipo de “alejamiento” de este texto, que tiene que ver con una tendencia del yoga contemporáneo a asimilarse al deporte y al entretenimiento. En este caso no me parece que haya ningún punto de reconciliación posible. La meditación no es un entretenimiento, el autoconocimiento no es un hobby, y los estiramientos dinámicos del yoga actual son totalmente ajenos al tratado de Patañjali. Si el propósito de estas secuencias físicas es trabajar el cuerpo para entrenar la capacidad contemplativa de la mente, todavía podríamos establecer un puente con modelos de yoga clásicos o medievales. Pero esto no es lo que solemos encontrar.

¿Qué conceptos básicos de estos textos pueden ser esenciales para los practicantes de yoga?

En mi opinión, la filosofía Samkhya nos ofrece un mapa cognitivo orientado a meditadores. Se trata de un análisis de las piezas que componen nuestra mente. Observar este mapa y asimilarlo nos ayuda a entender el funcionamiento de la mente, y los obstáculos que surgen cuando nos sentamos a trabajar sobre ella. En este sentido, los tattvas o categorías de ese mapa me parecen esenciales para los practicantes. Los guna, que a menudo se conocen en el yoga contemporáneo por influencia de textos como la Bhagavad Gita y también a través de maestros de la filosofía vedántica, adquieren especial relevancia en este mapa ya que se los considera un sinónimo de los procesos cognitivos y metacognitivos. Dichos estados son explicados en función de estados fenomenológicos mentales como la claridad, la alegría (Sattva), la pasión, la ansiedad (rajas) y estados depresivos como, por ejemplo, el miedo y los pensamientos negativos (tamas). Por otro lado, los Aforismos del Yoga de Patañjali plantean la meditación como un trabajo sobre las impresiones subliminales (samskaras), las tendencias latentes que no podemos percibir pero que animan y condicionan nuestros pensamientos, nuestro carácter, nuestros miedos, atracciones, etc. Entender la importancia de los samskaras es esencial para entender el estado actual de nuestra mente, y para entender el sentido de la práctica meditativa.

¿Qué puede aportar a un practicante regular de yoga interesarse en la filosofía?¿Qué puede aportarle la lectura de este libro en ese sentido?

Personalmente, no concibo la práctica de Yoga como un ejercicio separado del estudio de los textos que la explican, y que son el testimonio de practicantes avanzados en épocas pasadas. La aplicación de la mente a los textos-raíz del Yoga forma parte de la práctica de Yoga, es un ejercicio contemplativo de primer orden. Pero en Occidente queda mucho por hacer en este sentido. Como formadora de profesores de Yoga, observo muchas veces una tendencia anti-intelectualista por parte de los practicantes, como si la historia de las prácticas que realizamos y los textos que las sustentan fuesen un asunto de eruditos o investigadores. Hay que elevar el compromiso cultural del practicante, y este debe dotarse de ejercicios espirituales vinculados al estudio y a reforzar las capacidades intelectuales. La lectura es un ejercicio espiritual muy importante, y al contrario de lo que suele pensarse, debe entrenarse, no es un talento que caiga del cielo. Como la soledad, el silencio, y la escucha, la lectura se entrena y nuestras capacidades para abordar textos complejos y para participar en conversaciones enriquecedoras sobre estas prácticas, se entrena. Al menos, en la Escuela Om Shanti estamos comprometidos con esta parte de la práctica, y consideramos que enriquecer las capacidades intelectuales solo puede empoderar al practicante invitándolo a investigar por sí mismo, y a discernir su propio camino.

En Sincronía yoga tenemos unos talleres introductorios a los Yoga Sutras y la Bhagavad Gita, ¿cómo valoras estas iniciativas?

A priori, celebro estas iniciativas y me parecen necesarias para acercar esta clase de enseñanzas a los practicantes. Pero no puedo valorarlas “a ciegas”, dado que todo depende de cómo se enseñen – pasa lo mismo con la práctica de asana, o la práctica de pranayama.

Personalmente, he asistido a talleres y cursos sobre estos textos bañados de un carácter religioso que los condicionaba enormemente. Se proponía la escucha unilateral a la interpretación que un maestro particular hacía del texto. Antes de que el practicante pudiera tener un acceso al texto mismo, divorciado en lo posible de ideas previas y condicionamientos, ya estaba escuchando la interpretación de alguien y, al carecer de herramientas interpretativas y de una experiencia personal sobre el texto, no tiene otro remedio que asentir a lo que le cuentan. Este no es el ejercicio de empoderamiento, y de relación íntima con el texto, del que vengo hablando.

«No concibo la práctica de Yoga como un ejercicio separado del estudio de los textos que la explican, y que son el testimonio de practicantes avanzados en épocas pasadas»

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