La lesión como maestro

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Parece una contradicción que mucha gente se lesiona en la práctica de yoga a pesar de ser una disciplina pensada para obtener la salud física y mental. ¿Por qué se produce?¿Cómo podemos evitarlo? Y aunque lo mejor es intentar que no se produzca, ¿qué podemos aprender de ello?

Hace poco me rompí una costilla (no estaba realizando ninguna postura acrobática, sólo jugaba al baloncesto con unos amigos) y me di cuenta de lo que podía influir en mi práctica. A pesar de que seguí dando clase y también siendo alumno, pasé a ser mucho más consciente de una limitación enorme en mi cuerpo. Aunque para muchos sería una carga, una frustración o un obstáculo que les obliga a parar, yo al final me he sentido muy agradecido.

Cuando he compartido esta opinión en general es difícil de comprender, ¿cómo se puede percibir como una bendición un dolor constante y que te impide? Porque me amplifica la atención sobre el cuerpo, porque me devuelve el foco siempre sobre mi mismo, porque me recuerda el objetivo prioritario del yoga: ganar en consciencia.

Conozco mucha gente que se ha lesionado practicando yoga, sea el estilo que sea, tanto en el estático del hatha como en lo fluido del vinyasa. Parece una contradicción que una disciplina que busca la salud integral del ser y que es incluso usada para recuperarse de lesiones pueda llegar a causar otras. En Occidente se tiene la idea de que yoga consiste en una serie de ejercicios y posturas que cuanto más complejas, acrobáticas y exigentes para el cuerpo más avanzamos en nuestro camino. Parte del problema radica en esa concepción, cuando en realidad eso es una parte muy pequeña de lo que significa el yoga.

 

 

¿Por qué nos lesionamos?

En general no hay una única respuesta a esta pregunta, pero se pueden observar ciertos comportamientos o ideas preconcebidas que incitan a ello. Muchos alumnos creen que cuanto más se estiren y más lejos lleguen en una postura mejor están haciendo su práctica. Por mucho que el cuerpo de señales de molestia o de estar llegando al límite nos empujamos a ir más allá. A veces los ajustes que recibimos no son los correctos o no hacemos la variación más adaptada a nuestras capacidades físicas. La creencia de que el esfuerzo es necesario y que la flexibilidad es el objetivo tampoco ayudan.

A veces es sólo un accidente. Otras muchas es por temas ajenos al alumno, por ejemplo un ajuste muy forzado de un profesor o una patada sin intención de otro compañero. En general es mucho más común la falta de atención del propio practicante o el exceso de fuerza. Al final, sea un pequeño tirón o una rotura muscular grave, en el fondo todo proviene de un mismo lugar: la falta de escucha de algo que nuestro cuerpo nos venía avisando desde hace tiempo.

El dolor no es nunca una buena señal durante la clase. Evidentemente como cualquier trabajo físico las asanas conllevan un riesgo y al mismo tiempo nos ponen en situaciones demandantes física y mentalmente. Pero existe una gran diferencia entre sentir tensión y dolor, entre fuerza controlada y esfuerzo desmedido.

Entonces la lesión y el dolor pueden surgir durante la práctica, pero no de la postura que estás realizando, no del yoga en sí, sino de la experiencia que tengas durante ella. Porque la tensión del cuerpo proviene de tus pensamientos y de la intención con la que realizas cada acción. Es tu actitud y tus patrones vitales los que te llevan a saltarte las señales de tu cuerpo, es todo aquello que hace ser quien eres lo que te hace practicar como practicas.

 

 

¿Cómo practicar para evitar lesionarnos?

Cómo practicas es lo que determina si puedes lesionarte o no. En este artículo de nuestra compañera Silvia Gallego se explica muy bien cómo hay que aproximarse al mat, cuál es la actitud de quien avanza en el camino del yoga.

Hay que entender que el yoga no es una práctica física, no es sólo eso. Es un espacio de autoconocimiento, en el que no hace falta ni tiene cabida el ego, la competición ni la exigencia por cumplir objetivos. Es más bien un desarrollo interior, personal y que te lleva hacia el bienestar, no a conquistarlo, sino a recuperarlo como un estado propio que ya está en ti.

Todo comienza por la actitud. Cómo te tratas, con qué intención e intensidad realizas cada postura. Básicamente el cómo te tratas a ti mismo. Puedes tener paciencia, tratarte con cariño y suavidad, no forzarte. Puedes aprender a reconocer tu cuerpo, escuchar tus límites y respetarlos. Ya lo dicen los Yoga Sutras: sthira Sukham asana, la postura será firme y confortable. Para que no nos lleve a los extremos y se de el espacio para que se aquiete la mente.

Esa puede ser otra clave para evitar las lesiones, entender que el yoga contiene una filosofía. En los ocho pasos de Patanjali se exponen una serie de premisas con las que comenzar la práctica. En los Yamas aparece Ahimsa, no violencia, que en este caso se puede entender como no forzarte; Sattya, la honestidad o coherencia: Asteya, no desear lo ajeno ni compararte; Brahmacharya, la moderación energética y Aparigraha, el desapego del resultado de tus acciones. Al aplicar estas ideas al mat te das cuenta de que se pueden trasladar al resto de acciones de tu vida.

Olvida cualquier objetivo. Quítate la obsesión por conseguir esa postura que se te resiste. Ábrete a la posibilidad de sólo estar donde estás, respirando consciente. Eso es yoga.

 

 

Lo que he aprendido de estar lesionado

La lesión me ha permitido volver a los básicos con los que comencé en el yoga. Más que aprender de nuevas, me ha devuelto aprendizajes que con el tiempo acabas dando por sentados y es bueno recuperar.

He recordado que la importancia está en el autoconocimiento (svadhyaya), en tratarse con paciencia, cuidado y compasión. Que la práctica es más que asanas y que estas se pueden adaptar a cualquier cuerpo y condición. Eso me ha llevado a volver a mirar a mis alumnos con más respeto y asumir que mi cuerpo y mis posibilidades no son las del otro.

Cada cual es responsable de su cuerpo y al mismo tiempo como profesor soy responsable de mi alumnos y de su experiencia. Y que con el autocuidado todo se previene. Como nos recordaba mi maestra Gordana Vrajnes: “todo llega, todo pasa, todo cambia”.

Cuando tu cuerpo está limitado te das cuenta de lo que este te permite habitualmente y no agradeces. Así que he aprendido a estar agradecido cada día de lo que puedo hacer y a agradecer todo lo que pasa porque te lleva a un aprendizaje. Damos por sentado muchas cosas y no hace falta perder algo para que entonces lo valores. Agradecer ahora en este preciso instante todo lo que ya eres y haces.

La práctica no debería ser el causante de ningún tipo de lesión. Debería contribuir a que cada cual encuentra su manera de bienestar integral a todos los niveles. Que nos lleve a centrar nuestra mente y que mejore nuestro día a día.

Por eso a veces la lesión puede ser el gran maestro. Te devuelve la atención consciente sobre ti y tu cuerpo de forma magnificada, te baja el ego que siempre quiere más, te hace más humilde y más agradecido con la vida. Ojalá que todos los que seguimos el camino del Yoga podamos recordar estas lecciones sin que tengamos que dañarnos para ello.

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