Los 4 detalles que el yoga trabaja en silencio, vistos por una quiropráctica

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Practico yoga desde 2011. Y desde que soy quiropráctica, voy a clase con una especie de doble mirada: estoy en mi esterilla como todo el mundo, intentando no caerme en Guerrero III, y a la vez no puedo evitar mirarlo todo con ojos de profesional del movimiento.

Sobre todo los detalles pequeños. Esos que el profe te dice de pasada, que tú aplicas sin pensar, y que llevan siglos ahí por algo. El yoga tenía muchas de estas cosas entendidas mucho antes de que existiera la biomecánica moderna.

Te cuento cuatro.

1. La mirada, o cómo tu cuello sale del rango de siempre

Es de los detalles que más me fascinan, personalmente. 

En muchas posturas te piden mirar hacia un punto concreto. El pulgar en Guerrero II. La mano de arriba en Trikonasana etc. 

Solemos entenderlo como algo de concentración, y lo es. Pero cuando llevas la mirada hacia arriba o en diagonal, la cabeza acompaña. Y ahí estás moviendo tu cuello en rangos que probablemente no visitas en todo el día. 

Piensa en cómo pasas tus horas: pantalla al frente, móvil abajo, y poco más. El cuello vive casi siempre recto o mirando hacia abajo.

Mirar hacia arriba y en diagonal trabaja toda esa musculatura que sostiene la cabeza desde atrás. Y esa es justamente la que evita que acabemos con la cabeza adelantada, en modo gamba. Para la postura, es de lo mejor que puedes hacer.

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2. El trípode del pie, o dónde empieza realmente tu postura

Cuando te dicen «reparte el peso en los tres puntos del pie», no es un detalle menor!

Tus pies son lo único que toca el suelo. Todo lo que pasa ahí abajo sube: rodillas, caderas, pelvis, columna. Si el peso se va todo hacia dentro o todo hacia fuera, el resto de la cadena se organiza alrededor de eso. 

Además, la planta del pie está llena de receptores de propiocepción. Son sensores que le dicen a tu cerebro, en tiempo real, dónde está tu cuerpo en el espacio. Cuanta mejor información reciben, mejor puede organizarse todo lo demás.

Por eso, si te fijas en el “trípode”, cambia el trabajo en todas las posturas, no solo en las de equilibrio. Una Tadasana bien hecha no es una postura de descanso!

Por otra parte : en clase vas sin zapatos. La mayor parte del día nuestros pies están encerrados en zapatos estrechos, sin poder moverse. En la esterilla los dedos pueden separarse, agarrarse, participar. Usas el pie entero. 

Es también uno de los motivos por los que me interesa tanto el calzado barefoot. Si te pica la curiosidad, escribí sobre la conexión entre los pies, la postura y la columna en mi blog.

3. Ir al suelo, o los movimientos que dejamos de hacer

De adultos dejamos de bajar al suelo. Nos sentamos en sillas, en sofás, en el metro. Y poco a poco el cuerpo deja de visitar posiciones enteras: ponerse en cuclillas, tumbarse boca abajo, girar sobre un costado, levantarse desde el suelo sin apoyarse.

Lo que no se usa, se pierde. No de golpe, pero se pierde.

Y esto no va de hacer posturas bonitas. Va de poder jugar con tus hijos en el suelo, de agacharte a recoger algo sin pensarlo, de levantarte del coche sin buscar dónde apoyar la mano. Cosas que damos por hechas hasta que dejan de serlo.

El yoga es de las pocas cosas que te devuelve ahí de forma regular. Bajas, giras, te tumbas, te levantas. Exploras rangos completos, un lado y luego el otro, y de paso te enteras de que tu cadera derecha no hace lo mismo que la izquierda.

Y ahí hay algo que me parece más valioso que la flexibilidad: la curiosidad. Observar sin juzgar. Tomar nota de cómo está tu cuerpo hoy, sin convertirlo en un problema.

Si en tu día a día pasas muchas horas sentada, estas 5 posturas para practicar en el trabajo son una buena forma de romper el patrón.

4. El diafragma, o por qué sales distinta de una clase

Me paso el día diciéndole a la gente que viene a consulta que no sabe respirar. Siempre les hace gracia. Y después explico que que diafragma no es solo un músculo respiratorio. Es también un músculo postural, y está directamente relacionado con el sistema nervioso para relajarse.

En la medicina tradicional china, además, el diafragma se entiende como la frontera entre la parte alta y la parte baja del cuerpo, y como un punto de paso clave para la energía entre ambas.

Pero cierto, cuando respiras corto y alto, hacia el pecho, tu cuerpo suele estar en modo alerta. Cuando la respiración baja, se hace más lenta y el abdomen se mueve, el sistema nervioso tiende a acompañar hacia un estado más tranquilo.

Si quieres profundizar, tienen un artículo sobre los tipos de respiración en yoga que va muy de la mano con esto.

Por eso una clase puede dejarte distinta al salir. 

Y aquí está la parte que me interesa como quiropráctica: la postura es, en buena medida, un reflejo del estado del sistema nervioso. Un cuerpo en tensión constante se organiza de una manera. Un cuerpo que puede bajar de revoluciones se organiza de otra.

Y de hecho, esto es básicamente de lo que va mi trabajo. La columna protege la médula espinal, que es la vía principal de comunicación entre tu cerebro y el resto del cuerpo. Cuando esa estructura se mueve bien, el sistema nervioso trabaja en mejores condiciones. Cuando hay zonas que llevan tiempo bloqueadas, el cuerpo se organiza alrededor de eso, y acaba notándose en la postura, en la respiración y en cómo gestionas el estrés.

Columna y sistema nervioso son la misma conversación. El yoga entra por la puerta del movimiento y la respiración. Yo entro por la de las articulaciones. Al final vamos al mismo sitio.

Lea Quiropractica relajando el diafragma de una niña

En resumen

Nada de esto es magia pero ss simplemente que el yoga te hace hacer, de forma bastante sistemática, cosas que tu vida diaria te ha quitado.

Y hay una quinta que no es poca cosa: una hora sin móvil, sin notificaciones, sin nadie que te escriba. Hoy en día eso es casi un lujo! 

Todo eso, repetido semana tras semana, va sumando.

Nos vemos en la esterilla en Sincronia. Suelo llevar separadores de dedos en los pies durante la práctica, así que soy fácil de reconocer ! :)


Léa Salgado es quiropráctica en Barcelona en C/ Pau Claris 153, y practica yoga desde 2011. Escribe sobre postura, movimiento y sistema nervioso en Lea Quiropractica

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